RD y Haití un matrimonio sin divorcio

Por Juan Tomás Taveras

Juan Tomás Taveras, general retirado.

Hoy más que nunca urge buscar una salida a la proliferación de nacionales haitianos en nuestro territorio dominicano, pues, luego del terrible terremoto del 2010 y los recientes disturbios de destrucción con incendios provocados de fábricas, oficinas de servicios públicos y muertos al inicio del mes de julio del corriente año 2018, el incremento de la inmigración ilegal sin control a nuestra república se hace insostenible. Este fenómeno migratorio, incluyendo a otras nacionalidades, nos empeora aceleradamente y nos dificulta solucionar nuestros propios problemas.

Haití y todo lo que gira en torno a su pueblo de gente que malviven es un gran problema en donde de cada 10 haitianos 7 viven con menos de dos dólares por día. Producen menos del 40 % de lo que consumen, importando el resto. Haití es una desgracia lastimosa y silenciosa: con un suelo que apenas alberga menos del 2 % de bosques y más del 50 % de sus habitantes no tiene acceso al agua potable ni comida. 

En Haití la esperanza de vida es de 63 años, con un 5 % de su población afectada de VIH. La mortalidad infantil es de un 69 %; la tasa de analfabetismo es de 36 % en los hombres y 43 % en las mujeres; los pobres alcanzan el 58 %. Una población dominada por la plutocracia elitista y corrupta, en donde el 10 % de los más ricos posee el 80 % de las riquezas y producción total del país.”

Algo más grave es el irrespeto a los niños y mujeres que culturalmente muestra la mayoría de la sociedad haitiana lo que ha dejado miles de víctimas de dominicanos de todas edades, siendo el machete de los ilegales haitiano una amenaza constantes para nuestro pueblo, igualmente ponen en peligro a nuestros recursos naturales por la costumbre de depredación ambiental que ha convivido con el pueblo haitiano durante toda su historia. Siendo escasa la porción de tierra que les queda cultivable. Y la gran mayoría de los haitianos que residen en nuestro territorio se encuentran ilegales, “varios millones de residentes haitianos”; siendo extremo esta cantidad en relación con el porcentaje de habitantes dominicanos y de territorio, lo que no sucede en ningún otro país.

La Academia Dominicana de la Historia resalta sobre Haití “que hace dos siglos, Bryan Edwars, referido por experto alemán Louis Gentil Tippenhauer, afirmaba que “las posesiones francesas en esta espléndida isla se consideran los jardines de las Indias Occidentales…” Poco antes de la Revolución Haitiana, en 1791, las exportaciones de madera de ese país fueron de un millón y medio de libras de madera; en 1820, 2 millones; en 1840, unos 20 millones; en 1860, casi 104 millones y en 1880, hasta 321 millones, 729 mil, 800 libras, entre Campeche, palo amarillo, zángano y caoba, entre otros tipos de madera. Si República Dominicana no toma medidas enérgicas en esa dirección, en varias décadas nuestro suelo perderá por completo el bosque que aún conservamos.”

Es imperativo descubrir el empeño por parte de diplomáticos y organizaciones haitianas, dominico-haitianas e internacionales en denotar xenofobia o maltrato a los nacionales haitianos por parte de los dominicanos. Es cierto que las autoridades de migración, la Junta Central Electoral y muchos patronos en ocasiones violentan los derechos de muchos nacionales haitianos o descendientes de estos, pero esta situación no es exclusiva para ellos sino que es cotidiano de todas las instituciones estatales para toda la población en general.

Se hace oportuno destacar que somos exclusivos en los privilegios y beneficios que damos a los haitianos, siendo extremadamente permisivos a costa de muchos sacrificios de nuestros servicios y de miles de millones de dinero público, lo que rechazo y debe ser inaceptable. Sin importar que tienen una cultura totalmente diferente a la nuestra con distinto idioma, distinta religión, distintas costumbres, entre otros factores.

No hay país en el mundo que guarde tanta tolerancia y aceptación a un país vecino que convive con una frontera única y común, como lo hace República Dominicana con la República de Haití, a pesar de haber sido invadidos y explotados por 22 años por dictadores haitianos, además, de que nuestros vecinos a través de sus autoridades y su influyente potencia diplomática, que hay que reconocer, viven en constantes difamaciones y descrédito a nuestro país.

Me extraña el hecho de que nuestras autoridades no regularicen y amplíen los intercambios en todos los renglones ni pongan más empeño en defender la realidad de las relaciones domínico-haitianas, las cuales deben llevarse al conocimiento de la comunidad internacional y desenmascarar a aquellos que buscan resolver un problema de muchos países con sacrificio del territorio y del pueblo dominicano.

La República de Haití es uno de los países más empobrecido de la tierra y el más pobre de las Américas, como consecuencia de un conjunto de dificultades estructurales históricas que acompañaron el surgimiento de la propia nación haitiana, generando la pobreza extrema de sus habitantes, la desigualdad y la marginalidad social.

La delicada situación haitiana requiere, como primera y elemental solución, el logro de una estabilidad social y política que sirva de base al equilibrio socioeconómico de la nación, creando las condiciones favorables que propicien el fortalecimiento de todo un proceso institucional, democrático y progresista; el desarrollo del aparato productivo de la nación y consecuentemente la productividad; oportunidad de empleo, la rentabilidad y la garantía de derechos en general.

La reconstrucción y la viabilidad del Estado haitiano, propiciada y financiada por la comunidad internacional mediante la implementación de un proceso de desarrollo del aparato productivo propiciaría una mejor interrelación bilateral, beneficiosa y productiva, y sobresalientes espacios de convivencia pacífica entre ambas naciones. Además, repercutiría profundamente en todos los aspectos de la vida política, económica, social, medioambiental, militar, policial, etc.

“Estados Unidos acusa al Estado Dominicano de excluir a haitianos y a dominico-haitianos, en su informe anual sobre derechos humanos del Departamento de Estado, relativo al 2012 y publicado viernes 19 de abril, recordó que en República Dominicana, con una población de 9,7 millones de habitantes, residen entre 900.000 y 1,2 millones de inmigrantes indocumentados, “en su mayoría haitianos o sus descendientes”. Acento.com.

Si EE. UU. admite esta cantidad de ilegales haitianos, que supera el 10 % de nuestra población, la situación es alarmante. Pero, más preocupante aún, es que nuestras autoridades no se inmuten por esa injerencia en nuestra política migratoria, quienes no tienen moral por su fracasada y abusiva política migratoria.

Cabe destacar que Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Canadá y otras potencias directamente y a través de diferentes organizaciones nacionales e internacionales son responsables del derrotero del pueblo haitiano y hasta del nuestro, con sus abusos y saqueos en sus invasiones. Por lo que es inaceptable su intromisión y desfachatez en nuestros asuntos, mientras evaden su culpa en la pobreza haitiana y de no viabilizar el buen uso de los aportes de recursos pendientes en la sazonada reconstrucción de nuestro vecino país de Haití.

Estructurar e implantar dicho proceso representa labores interinstitucionales de gran trascendencia, y que les tocaría en mayor medida a los invasores que desfalcaron nuestras riquezas cuando fuimos colonizados. En tal sentido, un proyecto o plan de reconstrucción en Haití debe ser una prioridad de la política internacional dominicana, latinoamericana y principalmente de los grandes colonizadores de ese entones, Francia, España e Inglaterra, además Estados Unidos y Canadá.

Haití necesita consensuar un proyecto de nación, en el que toda la sociedad se cohesione en sentimientos patrióticos que hagan posible creer y sentir la necesidad de impulsar con iniciativas propias del rescate y reconstrucción del Estado, ya que no debe haber nadie más interesado y a la vez que pueda ser más beneficiado que el mismo Haití, por ello, debe nacer de ellos, debe surgir de las entrañas de su pueblo, el creer y aspirar a consolidar un Estado desarrollado, con garantía de estabilidad y convivencia pacífica.

La sociedad haitiana debe demostrar y a la vez conquistar la credibilidad de toda la comunidad internacional. Ya que tiene grandes dificultades, hasta para registrar los nacimientos que ocurren cada día, y qué podemos esperar de un ciudadano del mundo sin nacionalidad o que no tenga la oportunidad de registrarse en los archivos que lo hacen un sujeto de derecho, es válido entonces, que como parte de este proceso de crecimiento institucional en Haití, se organice y dignifique a cada niño o adulto que no haya podido ser registrado y terminar de una vez para siempre del cliché de apátridas para los nacionales haitianos ilegales que cada día más invaden nuestro territorio.

Nuestra condición de isla compartida nos obliga a desarrollar políticas bilaterales claras para las relaciones diplomáticas, comerciales, migratorias, culturales, pues, desde el nacimiento de ambas naciones fuimos, “somos y seremos un matrimonio sin divorcio”, debiendo aceptar nuestras realidades y trabajar juntos por un desarrollo sostenible de ambas naciones, dejando claro ante el mundo el respeto basado en los principios de los derechos internacionales y de la libre y soberana determinación de los Estados.

En tal sentido, un proyecto o plan de reconstrucción en Haití debe ser una prioridad de la política internacional dominicana, latinoamericana y principalmente de los grandes colonizadores de ese entones, Francia, España e Inglaterra, además, de Estados Unidos y Canadá junto a totas las organizaciones que intervienen.

Reflexionemos seriamente sobre la nueva invasión haitiana. Son varios millones y en aumento, pero, pocos hacemos y decimos algo. Es urgente presionar al gobierno y las autoridades.

No esperemos que perdamos todo, aún estamos a tiempo para recuperar nuestra patria y proteger nuestras riquezas con soberanía absoluta.

¿Hasta cuándo? ¡Despertemos!

El autor es mayor general retirado, periodista, miembro fundador y vocero de la Asociación de Policías y Militares Activos y Jubilados Dominicanos (APODOM=, ProDignidad y Derechos. Incluye a todos los veteranos.

Publicado por primera vez en mayo de 2013

Dios les bendiga hoy y siempre.

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