Hacer lo que corresponde

Si todos hiciéramos lo que nos corresponde hacer seríamos altamente productivos, felices y nos complementaríamos los unos a los otros. Pero la verdad es que la mayoría de la gente está tratando de hacer lo que puede y no lo que debe.

Un consejo para hoy… “si quieres vivir acorde con tu asignación y propósito, debes maximizar el don que Dios te ha dado. ¿Cómo?; dedicándole tiempo a aquello a lo que Dios te ha llamado a hacer y buscando formas para hacer más de lo que haces bien y delegando a otros lo que no sabes (o no puedes) hacer”.

Te recuerdo que eres una persona única, con talentos especiales y con asignación y propósito personal, dado por Dios incluso desde antes de que nacieras.

Si no conoces tu asignación debes orar para que se te revele, si no usas tus talentos, entonces debes buscar la forma de hacerlo, porque el Señor nos dice “Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá” (Mateo 7:7).

Cuando estamos en el propósito celestial, pedimos y recibimos, buscamos y encontramos, tocamos y se nos abre… este es un principio del Reino de Dios.

Ten la certeza de que Dios está interesado en ti, en tu bienestar, en que cumplas tu propósito de existencia; porque su Palabra nos enseña que los planes de Dios para tu vida no comenzaron cuando naciste; sino desde antes de tu nacimiento, esto es, cuando Dios te formó en el vientre de tu madre.

Orar y escuchar la voz de Dios nos revela tanto los dones espirituales, el talento escondido, lo que Él ha puesto en tu corazón, conjuntamente con todo lo que eres; es decir, con tus habilidades, con tú personalidad y además todo esto complementado con las experiencias de vida que has tenido hasta el día de hoy. Porque Dios te ha estado preparando para eso.

La oración que debes hacer desde hoy y hasta que lo recibas; es por la revelación de la asignación y el propósito de tu existencia, para que puedas enfocarte y dar mucho fruto. Todo en el nombre de Jesús.

Versículo: “Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido…” Jeremías 1:5.

Fuente: Reflexiones Cristianas.

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